¿Qué es realmente el patrimonio cultural?

Muchas veces he iniciado mis clases preguntando a mis estudiantes qué entienden por patrimonio. La respuesta automática suele estar asociada a lo económico, a una noción jurídica que lo define como todo aquello que poseo y es de mi propiedad. Sin embargo, esta visión resulta limitada. En un sentido más profundo, el patrimonio es todo aquello que se hereda y se preserva para el disfrute de las generaciones futuras.

Pero aquí surge una pregunta inevitable: ¿qué entendemos por cultura? Con frecuencia nos quedamos cortos al definirla. Decimos que es la música, la forma de hablar o incluso un gentilicio. Y aunque estas respuestas no son incorrectas, sí son incompletas. La cultura es, en esencia, el conjunto de acciones, expresiones y manifestaciones —tanto tangibles como intangibles— que nos identifican como parte de un grupo humano.

Ahí es donde aparece la verdadera riqueza del concepto de patrimonio cultural. Al unir ambas ideas, podemos entenderlo como todo aquello que heredamos del pasado, que nos identifica como comunidad y que debe ser transmitido para el disfrute y aprendizaje de las generaciones futuras.

Sin embargo, en los últimos años se ha ido desdibujando esta noción integral. El patrimonio cultural ha comenzado a abordarse desde una mirada cada vez más elitista, académica e incluso clasista, como si no perteneciera a todos. Y entonces surge una pregunta clave: ¿dónde quedan las personas?, ¿dónde están las comunidades?

No podemos olvidar que el patrimonio existe gracias a ellas. Sin las personas no habría historia, ni cuidado, ni identidad. Pensemos por un momento: ¿qué sería del vallenato sin su gente? Este género, hoy reconocido como patrimonio de la humanidad, no existiría sin las comunidades que lo crearon, lo transformaron y lo mantienen vivo. Y seguirá necesitando de ellas para perdurar en el tiempo.

Siempre he creído que el patrimonio debe ser de todos y para todos. No es justo que el acceso a ciertos espacios —museos, centros históricos o bienes de interés cultural— esté condicionado por factores sociales o económicos. Tampoco es coherente que se invisibilicen los patrimonios “populares”, esos que hacen parte de la vida cotidiana.

Deja un comentario

Descubre más desde Arquitectura - Patrimonio - Interiorismo

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo